Comer sin hambre, comer por ansiedad, o comer “por comer” (sin hambre) cuando estamos tristes, estresados, aburridos, preocupados, nerviosos, ansiosos o hasta a veces enamorados… a eso es a lo que llamamos hambre emocional.

El hambre emocional surge repentinamente y pide al organismo satisfacer esa “necesidad” con un alimento específico, que por lo general está asociado a dulces, patatas fritas, chucherías o comida rápida, en definitiva, a alimentos ricos en hidratos de carbono y en grasas. Pero… ¿Por qué se tiene esa necesidad de comer de golpe? ¿Cómo se puede combatir?

El hambre emocional nace como respuesta al malestar emocional y en vez de investigar qué es lo que nos afecta, se entierra comiendo. Lo interesante, además de poner freno a los excesos gastronómicos y regularlos, es investigar solos o con ayuda profesional que nos está pasando, ponerle remedio si es posible y si no lo es asumirlo y tratar de superarlo.

Desde GrupoLaberinto,  y yo misma os damos unos consejos para ganar la batalla al hambre emocional, y para que luzcamos un físico sano y sin ganar kilos de más por cuestión de “cabeza” este verano y siempre. Veamos:

Mantener la mente ocupada: Uno de los mejores trucos para evitar el hambre emocional es distraer la mente con cualquier actividad sencilla, leer, pintar, bailar, charlar con amigos,

Hacer deporte: Practicar ejercicio físico es un hábito muy recomendable para conseguir reducir la ansiedad y vivir de una forma más optimista. Los expertos recomiendan un mínimo de 30 minutos de ejercicio cardiovascular (andar rápido por ejemplo) al día para vivir libres de ansiedad.

Practicar el mindfulness: Las propuestas de investigación y práctica del mindfulness tienen como objetivo mejorar la calidad de vida de las personas mediante sus prácticas, haciendo que éstas logren que sus días sean más plenos y felices. De esta manera la ansiedad disminuirá y, con ella, el hambre emocional. (Meditar, practicar yoga o alguna técnica de relajación pueden ser de utilidad)

Evitar el azúcar: El hambre emocional está muy relacionada con el consumo de alimentos azucarados. Por ello, lo mejor es evitar estos ingredientes y otros igual de calóricos en casa y optar por versiones más saludables de snack.

 Estimulantes. !No, gracias!: Más vale no atiborrarse de cafés, tes, colas y mucho menos tabaco) para engañar el hambre, puesto que los tres son poderosos ansiógenos que a corto plazo os harán sentir peor.

Infusiones: Las infusiones sin cafeína ni teína, como el roibos, valeriana o manzanilla además de calmar la ansiedad, son ideales para dormir el apetito.

Agua: Beber agua sola o con limón, naranja o un toque de fruta es sano, refrescante y sencillamente delicioso. Ocupan espacio en el estómago y entretienen.

Yogur. Ingerir queso fresco o un yogur desnatado son dos buenos ejemplos para luchar contra el hambre emocional. Estos alimentos, además de aportar nutrientes, no tienen demasiadas calorías. Para los que no tomen leche, pueden buscar opciones de yogures vegetales (SIN AZÚCAR).

Proteínas: Una buena costumbre para los que pican, es hacer muchas pequeñas comidas al día, para calmar el hambre y mantener el metabolismo funcionando. En este caso el truco está en las proteínas (pueden ser vegetales perfectamente); si esas pequeñas comidas contienen una buena dosis proteica estamos ante la dieta perfecta

Trabajo personal. Hacer un trabajo terapéutico para conocer mejor nuestro malestar emocional, saber su origen, aprender a controlarlo y/o tolerarlo, es probablemente el mejor método para abordar nuestro “hambre emocional”.

¿Y vosotros? ¿Habéis sentido alguna vez este “hambre emocional”? ¿Soléis comer más cuando estáis tristes? Estaré encantada de leer vuestros comentarios!

Besos desde mi blog!

También podéis seguirme a través de Facebook

Share