Los “ácidos grasos” son fundamentales para la vida humana, no sólo porque son una de las principales fuentes de energía de la célula, además también sirven como componentes estructurales celulares y participan en la modulación de la respuesta inflamación, entre otras acciones.

En definitiva, la ingestión de los ácidos grasos adecuados y en las cantidades correctas confiere importantes beneficios para la salud y la longevidad.

La dieta occidental típica es rica en ácidos grasos omega-6, pero lamentablemente es deficiente en omega-3 (EPA y DHA) y grasas monoinsaturadas. Esto ha llevado a un consenso para comer más alimentos ricos en omega-3 (principalmente del pescado azul) y grasas monoinsaturadas omega-9 (del aceite de oliva y algunas nueces), así como consumir menos grasas saturadas y evitar las grasas hidrogenadas.

Beneficios del Omega-7

No tan popular como los anteriores, el ácido palmitoleico, un ácido graso Omega-7, ha despertado el interés de la comunidad científica. Los estudios parecen confirmar su utilidad en el síndrome metabólico, ayudando a romper el ciclo de niveles altos de azúcar en la sangre, niveles elevados de lípidos, inflamación y exceso de grasa, así como a aumentar la sensibilidad a la insulina.1-3

Gracias a sus propiedades reguladoras del metabolismo, se considera a este omega-7 una “lipoquina”, estas son moléculas similares a hormonas que unen tejidos corporales distantes para garantizar una utilización y almacenamiento óptimos de la energía. El tejido adiposo usa lipoquinas tales como el ácido palmitoleico para comunicarse con órganos distantes y regular la homeostasis metabólica sistémica.

Su consumo también puede ser beneficioso para la piel y las mucosas, y el aceite del espino amarillo (fuente de omega-7) se ha venido utilizando  tradicionalmente para paliar y mejorar los síntomas de ciertos trastornos de la piel (la sequedad y falta de elasticidad de la piel) y de la mucosa oral y gástrica (úlceras y gastritis), así como genitourinaria (sequedad vaginal).

Investigación en el síndrome metabólico

Los principales criterios que sugieren que una persona padece síndrome metabólico son:

  • Obesidad de predominio abdominal, con perímetro abdominal superior a 102 centímetros en varones y de 88 cm en mujeres.
  • Alteración de la grasa en la sangre: niveles de HDL-colesterol inferior a 40mg/dl de triglicéridos superior a 150 mg/dl.
  • Cifras de tensión elevadas, con valores superiores a 130/85 mmHg.
  • Niveles de glucosa en sangre superiores a 110mg/dl en ayunas.

Esto condiciona un mayor riesgo de padecer una enfermedad cardiovascular (infarto miocardio, accidente cerebro-vascular, etc.) al generarse un ambiente proinflamatorio en los vasos arteriales.

Basándose en los informes sobre los beneficios metabólicos del omega-7, los investigadores del prestigioso Cleveland Clinic Wellness Institute en Ohio se inspiraron para realizar el primer ensayo aleatorizado y controlado en humanos de suplementos con omega-7 purificado. Su hipótesis era simple: la administración diaria de suplementos con este único ácido graso mejoraría los perfiles lipídicos en suero y disminuiría la evidencia de inflamación en un período relativamente corto (30 días) .

El estudio fue sencillo en diseño. Los sujetos eran adultos que tenían sobrepeso u obesidad y tenían evidencia de inflamación de grado bajo a moderado con perfiles lipídicos en sangre levemente anormales. En otras palabras, eran personas con factores de riesgo para enfermedades cardiovasculares y diabetes.

En el estudio, la inflamación se definió como niveles sanguíneos de proteína C reactiva entre 2 y 5 mg/l.1 La proteína C reactiva promedio al inicio del estudio en este grupo fue de 4,3 mg/l, que se considera de “alto riesgo” para la enfermedad cardiovascular.

Los sujetos fueron asignados aleatoriamente para recibir un suplemento de omega-7 con 220 mg de ácido palmitoleico o un placebo.1 Las cápsulas se tomaron una vez al día, con una comida, y se realizaron análisis de sangre al comienzo del estudio y nuevamente después de 30 días.

A los 30 días, el grupo suplementado mostró una reducción media significativa en la proteína C reactiva de 1,9 mg/l, una reducción del 44% en los niveles de proteína C-reactiva (inflamatoria) en comparación con el grupo control. Esto dio lugar a que la proteína C reactiva de los sujetos suplementados cayera a 2,1 mg/l, que se encuentra dentro de la categoría de riesgo promedio de enfermedad cardiovascular o metabólica inducida por la inflamación.

Los sujetos que recibieron suplementos de omega-7 también tuvieron reducciones significativas de 30 mg/dL y 9 mg/dL (15% y 8%) en triglicéridos y colesterol LDL, respectivamente. Hubo un aumento de 2,4 mg/dL (5%) en el colesterol beneficioso de las lipoproteínas de alta densidad (HDL, o “bueno”), en comparación con el grupo control1.

Este primer estudio demostró que la suplementación con omega-7 en adultos con riesgo elevado de cardiometabólico condujo a una disminución de la inflamación y los lípidos en sangre, restaurando su estado de riesgo a los de individuos normales.1 Y estos cambios se llevaron a cabo utilizando menos de 250 mg de omega-7 al día, lo que indica claramente su función como un compuesto capaz de una modulación metabólica precisa.

La investigación epidemiológica humana ya había demostrado que los niveles de omega-7 en sangre se correlacionaban significativamente y positivamente con la sensibilidad a la insulina, incluso independientemente de la edad, el sexo y el grado de grasa corporal.3 En otras palabras, los sujetos en ese estudio con los niveles más altos de omega-7 tuvieron la mayor sensibilidad a la acción de la insulina, lo que les dio una ventaja para deshacerse de azúcar en la sangre de forma segura.

Todos estos hallazgos apuntan al ácido palmitoleico como un valioso aliado en la lucha contra los trastornos metabólicos que subyacen a la diabetes, las enfermedades cardiovasculares, la obesidad y el cáncer.

El uso adecuado de omega-7, en combinación con omega-3 y otros nutrientes, nos brinda la oportunidad de conquistar las alteraciones metabólicas que preceden a las enfermedades del envejecimiento.

Fuentes de Omega-7

Las fuente alimentarias más comunes de omega 7 han sido las vegetales: el espino amarillo (Hippophae rhamnoides) y las nueces de macadamia (Macadamia integrifolia).

El espino amarillo es un arbusto natural ubicado en los lugares de costa de Europa y Asia. Sus bayas (fruto) se han empleado a lo largo del último siglo por sus beneficiosas cualidades: favoreciendo la “juventud” de la piel y el bienestar de las zonas íntimas femeninas.

Además de su contenido en omega-7 (ácido palmitoleico), estas bayas son muy ricas en compuestos como fitoesteroles, tocoferoles, tocotrienoles o carotenoides. Contiene vitamina A que ayuda a mantener la piel y las mucosas, y vitamina E que protege las células del daño oxidativo. Esta composición única en compuestos bioactivos le otorga unas características beneficiosas, especialmente a nivel de piel y mucosas, pero también a nivel nutricional general.

No obstante, también debemos tener en cuenta la presencia en su composición de grasas saturadas (ácido palmítico), que se recomienda no consumir en una proporción mayor al 8% de los requerimientos energéticos totales con el fin de evitar aumentar el riesgo cardiovascular.

Recientemente se ha desarrollado un extracto a base de aceite de anchoa purificado que aporta un alto contenido en Omega-7 y prácticamente sin presencia de grasas saturadas. Es un extracto patentado con una alta concentración en ácido palmitoleico (omega 7) que contiene menos de un 1% de grasas saturadas (ácido palmítico).

Para qué sirve el Omega-7

  • Síndrome metabólico.
  • Nutre desde el interior, apoyando la hidratación y elasticidad de la piel seca, sensible y envejecida.
  • Sequedad ocular (“ojo seco”).4
  • Como apoyo nutricional en la inflamación y sequedad de la mucosa vaginal.
  • Sequedad de las mucosas de las vías respiratorias (boca, nariz y garganta).
  • Personas que toman medicamentos que resecan las mucosas, como: antiodepresivos, antihipertensivos, diuréticos, anticonceptivos orales, antibióticos por desquilibrio de la microbiota.

Dosis recomendada:

De 200 a 480 mg de omega-7 (como ácido palmitoleico) al día, con las comidas.

Autor:

Mikel García Iturrioz, director técnico del Herbolario online Misohi Nutrición.

Referencias:

  1. Bernstein AM, Roizen MF, Martinez L. Purified palmitoleic acid for the reduction of high-sensitivity C-reactive protein and serum lipids: a double-blinded, randomized, placebo controlled study. J Clin Lipidol.2014;8(6):612-7.
  2. Yang ZH, Miyahara H, Hatanaka A. Chronic administration of palmitoleic acid reduces insulin resistance and hepatic lipid accumulation in KK-Ay Mice with genetic type 2 diabetes. Lipids Health Dis. 2011;10:120.
  3. Stefan N, Kantartzis K, Celebi N, et al. Circulating palmitoleate strongly and independently predicts insulin sensitivity in humans. Diabetes Care. 2010;33(2):405-7.
  4. Kimura Y, Mori D, Imada T, Izuta Y, Shibuya M, Sakaguchi H, Oonishi E, Okada N, Matsumoto K, Tsubota K. Restoration of Tear Secretion in a Murine Dry Eye Model by Oral Administration of Palmitoleic Acid.Nutrients. 2017 Apr 5;9(4).
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