La Dieta Mediterránea representa no sólo una dieta alimentaria sino también un estilo de vida saludable, un elemento que refuerza el sentimiento de pertenencia a una comunidad y contribuye a promocionar un territorio y su diversidad.

Es una valiosa herencia cultural, que a partir de la simplicidad y la variedad ha dado lugar a una combinación equilibrada y completa de los alimentos, basada en productos frescos, locales y de temporada en la medida de lo posible.

Siendo mucho más que una pauta nutricional, su origen derivado de la antigua palabra griega “diaita”, de la que deriva dieta, y significa estilo de vida equilibrada (nada que ver con la dieta como un sacrificio para adelgazar), las propiedades benéficas de la dieta mediterránea la hacen altamente recomendable para todos los que quieran llevar un estilo de vida y de alimentación de calidad, así como para aquellos que quieren perder peso de una manera saludable.

Pero comenzando por el principio: esta dieta se basa en las propiedades benéficas obtenidas del consumo del aceite de oliva crudo (que reduce el nivel de colesterol en sangre),  fruta y verdura fresca,  (ricos en vitaminas y fibra) cereales integrales, legumbres, (ricos en vitaminas, minerales y proteínas), productos lácteos, como yogur o queso fresco (a poder ser bajos en grasa), semillas y frutos secos crudos (que aportan calcio, minerales, proteína y  ácidos omega 6), pescado azul (rico en ácidos omega 3), y  por último el consumo moderado (una copita al día) de vino tinto (por sus antocianos y resveratrol).

 

La Dieta Mediterránea está inscrito por la UNESCO como uno de los elementos de la “Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad” La dieta mediterránea se rige por el principio de que se debe comer de manera variada, asentando las bases de qué alimentos se deben ingerir a diario, cuáles se deben tomar semanalmente y cuáles se deben limitar.

Además, según un estudio, (The gut microbial community in metabolic syndrome patients is modified by diet) este modelo de alimentación ayuda a aumentar la población de microorganismos beneficiosos que previenen la aparición de alteraciones microbianas derivadas del sobrepeso.

Por lo tanto, es importante que interioricemos hábitos propios del estilo de vida mediterráneo y establezcamos una rutina alimenticia saludable. Más en estas fechas, que seguramente, nos hayamos excedido durante las vacaciones y debemos volver a la rutina, por eso vamos a animaros a seguir la dieta mediterránea con los siguientes consejos de alimentación saludable. Veamos:

La dieta mediterránea se fundamenta principalmente en el consumo de productos frescos y está compuesta principalmente por frutas, verduras, legumbres y hortalizas.

  • En la base de la pirámide alimenticia encontramos las cinco raciones diarias de frutas y verduras que aportan gran cantidad de vitaminas y fibra. El poder antioxidante de estos alimentos nos ayuda a prevenir enfermedades como la diabetes o las enfermedades cardiovasculares.
  • Uno de los ingredientes estrella de la dieta mediterránea es el aceite de oliva. El aceite de oliva es rico vitaminas y ácidos grasos monoinsaturados lo que favorece a nuestra salud cardiovascular.
  • Los cereales integrales en forma de pasta, arroz o pan supone un aporte saludable y fundamental de cardio-hidratos que nos proporcionan la energía y vitalidad necesaria para hacer frente al día.
  • En cuanto a los lácteos con dos o tres raciones diarias es suficiente. Un vaso de leche con yogures desnatados son el aporte de lácteos diarios óptimos.
  • Por último, mantener una correcta hidratación es muy importante para nuestro día a día. Por ello, es importante tomar 4-6 vasos de agua diarios.
  • Las legumbres deben consumirse de dos a cuatro veces a la semana al igual que los huevos, que se deben consumir de tres o cuatro veces por semana.
  • Otros aspecto de la dieta mediterránea es el consumo de pescado azul al menos dos veces por semana y, moderar el consumo de carne, decantándonos por carnes magras que tienen menores niveles de grasa. Asimismo, debe evitarse el consumo de carne procesada en forma de embutidos o reducir su consumo a ocasiones puntuales
  • Por último, debemos limitar o evitar el consumo de azúcares, bollería industria, refrescos azucarados y golosinas que son una fuente de azúcares refinados perjudiciales para la salud.

Por lo tanto, interiorizar hábitos alimenticios propios de la dieta mediterránea nos ayudará a mantener nuestra salud en buen estado y además favorecerá el crecimiento de bacterias intestinales favorables para nuestra flora intestinal.

¿Y vosotros? ¿Estáis preparados para poneros en marcha este otoño y comenzar a cuidar vuestra alimentación? Estaré encantada de leer vuestros comentarios!

Besos desde mi blog!

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