Aunque el título puede parecer algo tontorrón, es mucho más cierto de lo que os pensáis. Controlar la fuerza de voluntad puede llegar a ser una tarea muy difícil. Ya que muchas personas se dan por vencidas antes de comenzar, auto excusándose con la típica frase: ¨No puedo. No tengo fuerza de voluntad“. (¿Os suena de algo?)

Por eso, mi pregunta: ¿Se puede fortalecer o entrenar la fuerza de voluntad de las personas? ¿Cómo podríamos aplicar la ciencia a esta virtud humana? (Si acaso se puede).

Hay algunos estudios que hablan sobre la fuerza de voluntad como si fuera un músculo más del organismo, el cual se agota por su uso excesivo (agujetas incluidas) y requiere de nutrientes (que encontraremos en los alimentos) para reponerse de la fatiga diaria. Metáfora o no, estos estudios tienen su lado de verdad.

De esta manera, si la fuerza de voluntad actuase como un músculo, podríamos ejercitarla y fortalecerla con el siguiente entrenamiento:

  1. Diez minutos de meditación diaria (No es tan complicado como parece y solo se os piden diez minutos al día).

La meditación os dará unos resultados muy rápidos. Meditando (o practicando el mindfullness) a diario, se está entrenando al cerebro para que se concentre en “desconectar”, resistiendo a la tentación de divagar. Diversas investigaciones muestran que después de unos pocos días de meditar a diario durante 10 minutos (o más), el cerebro es capaz de concentrarse mejor, tener más energía, y estar menos estresados.  ¿Comenzamos?

 

  1. Trabajar la postura correcta (Mostrar el pecho orgulloso)

Para comenzar, sólo hace falta corregir vuestra postura cada vez que os deis cuenta que estáis encorvados, ya sea en la calle, en el trabajo o en casa. Suena muy simple, pero se necesita fuerza de voluntad para sentarse con la espalda recta. Cada vez que lo hacéis, estás fortaleciendo el “músculo” de vuestra fuerza de voluntad.

Durante un estudio sobre la fuerza de voluntad y costumbres, unos investigadores pidieron a un grupo de participantes que trabajasen sobre su postura durante un período de dos semanas. Cada vez que se dieran cuenta que su postura se encogía, debían auto-corregirse para andar o sentarse con la espalda recta. Tras dos semanas de práctica, su perseverancia hizo que su postura mejorase considerablemente. Siendo el comienzo de una serie de pruebas en este estudio sobre la fuerza de voluntad.

  1. Mantener un diario de alimentos (y os daréis cuenta de lo que coméis durante el largo del día. Sin engaños. Todo apuntado).

El mismo estudio, también descubrió que aquellas personas que mantenían un diario de alimentos mejoraron su fuerza de voluntad.

La mayoría de nosotros no solemos registrar los alimentos que comemos diariamente, por lo que se necesita falta fuerza de voluntad para realizar un seguimiento real de todo lo que se come durante un día. Para ello, cualquier registro de información vale, pero quizá mejor entrar los registros o alimentos consumidos, siguiendo alguna aplicación para móviles, tipo MyFitnessPal.

Esta App, además tiene una enorme base de datos de alimentos e información nutricional. Para que el “experimento” funcione, se debe apuntar en el diario todo, todo, todo lo que comáis durante dos semanas. ¡Además de reforzar vuestra fuerza de voluntad, si no os auto engañáis, aumentaréis vuestra capacidad de resistir a las tentaciones! (y hasta adelgazar).

  1. Crear y cumplir los plazos autoimpuestos. (Creíbles y alcanzables)

¿Quién no recuerda el tiempo de estudiantes, en donde a pesar de tener agendas escolares y tener las tareas o exámenes bien anotados, dejábamos el trabajo para la última hora? (Pero los cumplíamos).

Mediante el uso de este mismo principio y mediante la creación de plazos autoimpuestos, podemos trabajar la fuerza de voluntad.

Para comenzar, podéis elaborar una lista de tareas dentro de vuestras rutinas diarias que seguramente habéis estado posponiendo (desde dejar de tomar azúcar, hacer ejercicio, no fumar el último cigarrillo antes de acostarse, o recoger las toallas después de salir de la ducha… ). Fijad un plazo para llevar a cabo estas tareas y aseguraros de que las cumplís.  Después de dos semanas podréis mejorar vuestra dieta, hacer más ejercicio, o reducir a los cigarrillos y el alcohol.

  1. La tentación no debe suprimirse. (Solo debe aprenderse a resistirla o abordarla)

El título es correcto. La tentación no debe suprimirse. ¿Qué hubiera pasado si Eva no hubiera visto la fruta prohibida? (Pues no hubiera caído en la tentación). La capacidad de decir “no” a una tentación que tenemos presente todo el día, puede considerarse un gran entrenamiento de la fuerza de voluntad.

Para empezar, se debe aprender a resistir un antojo o tentación. Este es el paso más difícil, ya que muchas veces debemos lidiar con la ansiedad o las ganas desmesuradas por conseguir algo (desde un trozo de chocolate a un bocado de queso o un cigarrillo). Conseguir resistir durante horas (mejor un día, por ejemplo) puede ser el primer paso para eludir la tentación. Al decir o pensar constantemente en un “no”, aumentará la capacidad de resistir otras tentaciones e ignorar las distracciones. Como en el paso anterior, se puede pautar una fecha o plazo para comenzar en serio a resistir antojos, sean los que sean, y premiarse si se logran superar (también significará que hemos logrado entrenar nuestra fuerza de voluntad con éxito). Poco a poco.

  1. Ser más conscientes de vuestras decisiones impulsivas, repetitivas, costumbristas o automáticas

Un ejercicio final puede consistir en ser más conscientes de las decisiones que tomemos a lo largo del día.

Estamos a menudo tan perdidos en nuestros pensamientos que nuestras acciones se vuelven a veces automáticas. Tomarnos un tiempo para pensar por qué hacemos lo que hacemos, aumentará nuestra capacidad de concentrarnos y resistir las tentaciones.

Para comenzar, tratad de preguntaros por qué estáis haciendo lo que hacéis. Por ejemplo: ¿por qué estáis poniendo dos azucarillos en el café? ¿Por qué desayunáis solamente un café? ¿Es necesario comer dos raciones de pan en el almuerzo? SI focalizáis esas rutinas automáticas típicas (diarias o automáticas), que sabéis que no son las mejores, aumentarán su foco y auto-control hacia ellas.

Resumiendo:  Como todos los músculos del cuerpo, la fuerza de voluntad se puede reforzar con la práctica correcta. Para ello se necesita fortalecer el autocontrol, concentración y perseverancia. No esperéis resultados inmediatos. Como todo, se necesita tiempo, dedicación y paciencia.

Podéis pensar en el entrenamiento de vuestra fuerza de voluntad muscular como si fuera un entrenamiento para un maratón.  Podéis comenzar poco a poco y gradualmente ir aumentando nuevas tareas dentro de vuestras rutinas.

Pensad en qué entrenamiento os parece más práctico y eficaz para el objetivo que queréis lograr y poneros a trabajar en ello. ¡Simplemente siguiendo los pasos establecidos, ya iréis por buen camino hacia una fuerza de voluntad de acero!

 

¿Y vosotros? ¿Cómo anda vuestra fuerza de voluntad? ¿Necesita un entrenamiento? Estaré encantada de leer vuestros comentarios!!

 

Besos desde mi blog!!!

 

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