Sin azúcar, !pero igual de dulce, o más!

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A diario sin darnos cuenta consumimos mucho más azúcar del que necesitamos. Me estoy refiriendo a la sacarosa o azúcar blanco, tal y como solemos conocer.

Los expertos a menudo hablan de los perjuicios que puede provocar el exceso de consumo de azúcar, refiriéndose a los azúcares simples como la sacarosa (o azúcar blanco), que está presente sobre todo en artículos de repostería, dulces, postres, refrescos, zumos de frutas, miel y jarabes. Pero a pesar de ello, seguimos consumiéndolos sin control. ¿O acaso estoy equivocada?

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Comencemos por el principio: la glucosa es un conjunto de moléculas de azúcar que proviene de los glúcidos y que está contenida en los alimentos que ingerimos. Se podría considerar el principal carburante del organismo.

La sacarosa (el azúcar malo) no posee ningún valor nutricional y está atestada de calorías “vacías”. Cuantas más calorías consumamos, más probabilidades tendremos de ser obesos. Y ya sabemos que la obesidad favorece problemas serios de salud como las enfermedades cardíacas, la diabetes de tipo 2 o las caries. Se estima además que la fructosa de la sacarosa es especialmente nociva.

El azúcar bueno es el que está presente en los glúcidos complejos (frutas, verduras, productos lácteos y cereales integrales). Este azúcar se asimila lentamente y se transforma en energía, de manera que funciona como carburante para las funciones del organismo.

Médicos y expertos coinciden en la necesidad de reducir su consumo, tanto entre la población adulta como, muy especialmente, en los niños.

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De todo ello y mucho más, se explica en SIN AZÚCAR, un nuevo libro de la colección más saludable de Lungwerg con el que aprender a eliminar los azúcares añadidos de nuestra dieta sin renunciar a poner una nota dulce en nuestros platos.

De manera clara y visual ofrece alternativas más saludables a los alimentos azucarados presentes en nuestra alimentación diaria a través de 65 recetas muy fáciles de preparar y que son una opción sana y a la vez apetecible para endulzar nuestra comida de forma saludable y sin emplear azúcar.

Pancakes, gofres, torrijas, muffins, tartas, cookies… cualquiera de estas palabras nos devuelve en la cabeza la imagen de una deliciosa comida… cargada de azúcar. Pues esto no tiene por qué ser así. En Sin azúcar, Sue Quinn nos ayuda a sustituir el azúcar de mesa, altamente nocivo para la salud, por otros alimentos naturalmente dulces y saludables como la stevia o el xilitol, pues la miel, el jarabe de ágave u otros jarabes azucarados gozan de buena reputación por ser naturales, pero en realidad están llenos de azúcar y tienen escaso valor nutricional.

La autora nos introduce en el mundo del azúcar y los diferentes tipos de edulcorantes y nos explica por qué es malo el azúcar, y qué azúcares son buenos.

Algunos consejos “SIN AZÚCAR” incluidos en el libro:

  1. Comer frutas con bajo contenido en azúcar

Las frutas deben ser siempre un pilar fundamental en nuestra alimentación diaria. Sin embargo, también hay que ir con precaución, pues muchas de ellas contienen mucho azúcar y deben consumirse con moderación. Algunas de las frutas que son menos azucaradas, y por ello más saludables, son por ejemplo las frambuesas, las moras silvestres, las fresas, la sandía, las grosellas o la papaya. Si optamos por frutas en conserva, es mejor comprar las envasadas al natural y sin azúcar añadido que las preparadas en almíbar.

  1. Sustituir los zumos y refrescos de frutas por leche, agua, zumos de verduras o zumos de frutas diluidos

Lo primero es tratar de eliminar o reducir el consumo de bebidas azucaradas, como los refrescos y zumos de frutas, que son la manera más nociva de consumir azúcar. En su lugar es preferible beber leche, agua, zumos de verdura o zumos de frutas diluidos. En las bebidas calientes hay que tratar de reducir la cantidad de azúcar que le añadimos, hasta llegar a eliminarlo. Este proceso debe hacerse progresivamente.

  1. No comprar productos bajos en materias grasas

A veces parece que los productos bajos en materias grasas son más sanos, y eso no tiene por qué ser así. Estos productos compensan la reducción de materia grasa añadiendo azúcar para hacerlos más sabrosos. Antes que comprar yogures aromatizados con frutas, son preferibles los yogures naturales con compota de frutas.

  1. Leer las etiquetas

Hay que informarse sobre el contenido total en azúcar (especialmente la fructosa) de los alimentos y bebidas que se consumen: las cantidades son muy variables dependiendo de las marcas. En este libro se ofrece un apartado especial para aprender a descifrar las etiquetas de los productos para detectar la presencia de azúcar añadido.

En otro post os detallaré algunos alimentos que pueden sustituir el azúcar en la cocina, pero si os interesa saber mucho más sobre el tema, la lectura de este libro me parece altamente recomendable.

¿Y vosotros? ¿Cuánto azúcar ponéis en vuestra “vida”? ¿Os gustan los platos dulces? ¿O sois más bien de “salado”? Estaré encantada de leer vuestros comentarios!!

Besos desde mi blog!!

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