Hay que reconocerlo, se vaya donde se vaya ya no resulta extraño encontrarse con gente corriendo o, como se ha venido a denominar ahora, haciendo running. Sus adeptos se cuentan por millones en todo el mundo y sólo en España se calcula que es la segunda modalidad deportiva más practicada por los españoles, según el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte en 2016

Obviamente, parte de su atractivo reside en los múltiples beneficios que aporta al corredor y a que, prácticamente cualquier persona, puede practicarlo cuando mejor lo convenga, ya que tampoco hay que ceñirse a ningún tipo de horario. Pese a que todo esto es cierto, no hay que perder de vista que el cuerpo también se puede resentir, sobretodo cuando no se toman las medidas adecuadas. Hagamos un repaso a las lesiones más comunes de los corredores.

  1. Tendiditis tibial posterior. Se trata de inflamaciones del tendón o de su vaina de recubrimiento. Quienes la padecen suelen notar dolor en la parte interna del pie. También debajo del tobillo, aunque se puede llegar a extender hasta la misma fascia plantar. Algunos corredores, tanto amateurs como profesionales, han tenido que dejar a un lado esta práctica por esta razón. Lo mejor es realizar estiramientos previos porque está comprobado que esto reduce este tipo de lesiones. Simplemente hay que incluir este paso en la rutina de salir a correr. Por supuesto, también es básico el contar con unas zapatillas de deporte adecuadas. Las hay específicas para correr y también hay que atender al tipo de pisada que tiene el corredor. En el caso de necesitarlo, siempre se puede optar por comprar en una tienda de ortopedia online los productos necesarios para la rehabilitación. En este caso, por ejemplo, ejercitadores de piernas o masajeadores.
  2. Rodilla del corredor. Es el término empleado por los médicos para referirse a diferentes tipos de afecciones que tienen lugar en la rodilla, como puede ser la condromalacia rotuliana. Se trata de una lesión muy común entre los corredores que tiene como origen una sobrecarga de la zona. Normalmente se identifica por notar una cierta sensibilidad a ambos lados de la rótula. La rodilla, además, puede llegar a hincharse. Siempre que la rodilla se dobla, el dolor va en aumento y cosas tan cotidianas como andar o agacharse pueden convertirse en una verdadera molestia. Sino se trata, esta afección puede dañar al cartílago y hacer que aparezca artritis. La mejor manera de evitarlo es fortalecer esa zona, además de los glúteos y los cuádriceps.
  3. Síndrome pririfome. Nos estamos refiriendo a una afección que se ubica en la región de las nalgas, concretamente en el músculo piriforme. Los dolores que se llegan a sentir se localizan en la parte posterior del cuerpo, pudiendo llegar hasta el pie. La mejor forma de prevenir es ejercitar la pelvis, la espalda y el abdomen.

Aunque las anteriores son las lesiones más comunes, hay más. Lo que hay que tener en cuenta para prevenir es que siempre hay que tratar de fortalecer el cuerpo, en función de lo que se le vaya a exigir. El calentamiento es más que recomendado y hay que llevar a cabo un planning de ejercicios, marcándose objetivos realistas. Por supuesto, contar con el calzado apropiado y hacerse un chequeo previo siempre será la mejor opción.

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