Aprovechando que durante el verano es cuando los tomates están más sabrosos, al ser su temporada natural (a pesar de que se pueden comprar todo el año), vamos a recordar los beneficios de este rojo (o verde a veces) vegetal.

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El tomate es un alimento rico en vitamina C y carotenos (pro vitamina A). Posee minerales como: hierro, fósforo, calcio, magnesio, zinc, cobre, potasio y sodio. Por todo ello, es un conocido mineralizante y desintoxicante, ayudando a eliminar el ácido úrico acumulado en el organismo gracias a su efecto diurético.

También es rico en licopeno, pigmento vegetal con conocidos efectos antioxidantes, que se asocian con la protección frente al cáncer de pulmón, próstata y tubo digestivo, así como frente a la degeneración macular, (principal causa de ceguera en la gente mayor).

Pero, ¡ojo! el licopeno del tomate se libera sobre todo al cocinarse y en menor cantidad cuando se come en crudo. Por esta razón, quien practica la cocina mediterránea, en donde abundan las salsas de tomate y los sofritos que llevan también una base de tomate se está asegurando un mejor aprovechamiento del licopeno.

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Cualquier alternativa, en ensalada, en zumo, en gazpacho, en salsa o simplemente acompañando algún plato principal, puede ser una buena razón para disfrutar de sus propiedades:

Gracias a su bajo contenido calórico, está altamente recomendado en dietas de adelgazamiento.

 Ayuda a disolver los ácidos orgánicos en la sangre, (el ácido úrico, la urea, en el reumatismo, intoxicaciones de la sangre por alimentos).

Tiene un efecto diurético y depurativo.

 Ayuda a disolver los cálculos del hígado y la vesícula.

 Regulador intestinal (por su contenido en fibra).

El tomate combina bien con todo. Solo o acompañado. En ensaladas, pastas, arroces, legumbres, pescados o hasta con queso. Crudo o cocinado… ¿Y vosotros? ¿Cómo soléis comer el tomate? Estaré encantada de leer vuestros comentarios!

Besos desde mi blog!!!

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