Cada vez es más común hablar de la intolerancia a la lactosa y se tiene más en cuenta en la alimentación (Solo hace falta mirar en las estanterías de leches y lácteos. Cada vez son más las marcas que se apuntan a tener una variedad SIN LACTOSA). Tener información sobre dicha intolerancia nos ayudará a saber qué precauciones se deben tomar y qué dieta seguir.

La lactosa es un tipo de azúcar, llamado disacárido o carbohidrato simple, presente en la leche de vaca y el resto de los mamíferos, incluyendo la leche materna. La lactosa al descomponerse en glucosa funciona como una fuente de energía para las células de nuestro organismo. Se encuentra en productos lácteos como el yogurt, la leche entera, la nata y el queso. También está en productos elaborados a base de estos como helados, salsas para pastas, sopas, panes y postres.

¿Pero? ¿Sabríais diferenciar la intolerancia a la alergia a la leche? ¿O acaso pensáis que es lo mismo? Todavía hay mucha gente que confunde la alergia con la intolerancia a la lactosa, sin embargo, el diagnóstico, tratamiento y la evolución de cada una de ellas son muy diferentes.

La alergia a este alimento suele darse, en la mayoría de los casos, entre los bebés (aproximadamente el 2%) en los primeros días tras empezar a ser alimentados con biberones de leche adaptada, debido a las proteínas que contiene la leche de vaca. Las fórmulas de leche adaptada, de inicio o de continuación, se fabrican a partir de leche de vaca modificada para hacerla apta para la alimentación de los bebés.

Los síntomas de esta alergia alimentaria son erupción cutánea en zonas de piel en contacto con la leche, urticaria, síntomas digestivos, respiratorios o incluso reacciones anafilácticas graves.

La lactasa es una enzima que se produce en el intestino delgado y es la responsable de digerir la lactosa convirtiéndola en dos azúcares más simples: la glucosa y la galactosa. La hipolactasia, conocida comúnmente como la intolerancia a la lactosa, se refiere a la deficiencia de esta enzima.

Aproximadamente el 20% de las personas que sufren de intolerancia a la lactosa son también alérgicos a la caseína, que es la proteína presente en la leche de vaca. Esto quiere decir que una persona con intolerancia a la lactosa puede consumir productos etiquetados como “deslactosados” (ejemplo “leche deslactosada”, a la cual se le ha quitado el azúcar), pero aquella que sufre de ambas cosas debe dejar de consumir productos lácteos de vaca por completo. Pero eso no es todo:

Para tener un diagnóstico acertado es necesario que los pacientes acudan a su médico para que les deriven al especialista oportuno. El diagnóstico de la alergia a las proteínas de la leche de vaca se realiza con pruebas cutáneas y análisis de sangre y cuando se confirma la alergia, el pediatra o alergólogo recomienda fórmulas de leche especiales para niños alérgicos.

Desde ese momento, el especialista concierta revisiones periódicas para valorar la evolución de la alergia a la leche en cada niño, estableciendo cuándo y de qué forma se puede reintroducir este alimento en su dieta, dado que aproximadamente el 90% de los niños alérgicos a la leche va tolerando su consumo antes de los 6-7 años, bien de forma espontánea o mediante la inducción de tolerancia realizada por un alergólogo.

Las personas afectadas por la alergia a la leche deben seguir evitando el consumo de leche de vaca (al igual que la leche de oveja, cabra y de otros mamíferos, ya que son muy similares a efectos de alergia), todos sus derivados (como el yogur, queso, etc.), productos cocinados con leche o alimentos que en su composición tengan proteínas de la leche ( salsas o comida preparada, galletas, chocolate, caramelos, embutidos, patés…).

Por otra parte, existe la creencia popular de que los lácteos son la mejor fuente de calcio y que al no consumirlos pueden generarse problemas como la osteoporosis. Sin embargo, la intolerancia a la lactosa no altera la capacidad del tracto digestivo para absorber el calcio ni la producción de hueso. Lo importante, como en cualquier plan de alimentación, es consumir una gran cantidad de alimentos ricos en este mineral esencial.

Algunos ejemplos son las semillas como el sésamo y la chía, las hojas verdes como la berza, las legumbres, algunos granos enteros, las sardinas (con sus espinas) y los alimentos enriquecidos. Tal es el caso de algunos productos de panificación, cereales para el desayuno, batidos, leches vegetales (almendra, soja, arroz, avena, etc.), yogures de soja, quesos veganos, etc. Y además del calcio, es necesario tener niveles adecuados de vitamina D, lo cual se consigue tomando el sol de forma segura diariamente, consumiendo hongos, alimentos enriquecidos o tomando suplementos.

Por su parte, la intolerancia a la lactosa (el azúcar que está presente en cualquier tipo de leche), suele aparecer con el paso de los años debido a la pérdida en mayor o menor grado de la enzima lactasa, encargada de que se digiera la lactosa.

Aproximadamente el 15% de los españoles adultos son intolerantes a la lactosa, cifra que aumenta hasta el 90% en el caso de asiáticos y africanos, ya que estos consumen habitualmente menos leche. La sintomatología de esta intolerancia es siempre digestiva, como hinchazón abdominal, flatulencia, dolor abdominal o diarrea, y debe ser diagnosticada y tratada por el especialista del aparato digestivo.

Y a diferencia de los alérgicos a la leche, las personas que padecen intolerancia a la lactosa, (!ojo!, pero no todas) pueden consumir algunos productos lácteos porque su concentración en lactosa es menor, como los yogures, y también alimentos creados específicamente  sin  lactosa (leche, yogures, quesos, etc.).

Pero como he comentado antes, en ambos casos debe ser el médico especialista el que diagnostique mediante una serie de pruebas, la alergia o intolerancia a la lactosa, ya que su tratamiento y evolución son muy diferentes en ambos casos.

 

¿Y vosotros? ¿Conocéis a alguien que haya sufrido o sufra intolerancia a la lactosa? ¿Y alergia? Estaré encantada de leer vuestros comentarios en mi blog!!!

Besos desde mi blog!!!

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