Los peligros de las dietas demasiado bajas en calorías

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Con la llegada de la primavera, el buen tiempo y comenzar a pensar en bañadores, bikinis y lucir prendas de ropa que muestran más «carne», parece que a algunas personas (por no decir muchas) les da la prisa por perder el peso que han acumulado durante el invierno y Semana Santa (No olvidemos los postres ricos en azúcares, grasas y calorías de ambas celebraciones).
Y hablando de calorías: muchas personas quieren quieren perder peso (o mantenerlo) parecen obsesionadas con el recuento diario de las mismas.

Esta obsesión (sin quererlo) a veces hasta se traspasa a sus hijos. Varias veces he visto a niños y jóvenes contando las calorías que tenía tal plato o cual snack, porque no querían engordar. (Cosa que me parece sorprendentemente triste, que de tan joven ya se caiga en el espiral de contar calorías para no engordar, cuando a esa edad lo que necesitan es crecer y desarrollarse correctamente).

Las calorías son referentes de muchos regímenes alimenticios. Ya sea para tomar la decisión de ver qué comprar para comer o qué alimentos ingerir o hasta en las campañas publicitarias, donde incluso se llega a resaltar que bebida tiene no tiene o es baja en calorías. (!Ojo! a caer en esta trampa que no siempre es saludable).


Con estas ideas, comienza a gestarse en nuestra cabeza que «menos calorías» o «porductos light» son mejores para nuestra silueta (Por favor, no caigáis en la trampa. En nuestras charlas sobre nutrición saludable (más información en info@vivirbienesunplacer.com solemos hablar a menudo de ello por si os interesa) pero volviendo al tema principal:con la calculadora en la mano hay todavía personas que hacen sumas y restas entre las calorías que comen y las que queman durante el ejercicio. Lo que no queda claro es qué pasa dentro del organismo con esas calorías, ni para qué sirven. (Ahí reside LA VERDAD).


Por el simple hecho de EXISTIR, el cuerpo humanos consume calorías (energía) ya que para que funcionen los sistemas del organismo se llevan a cabo múltiples procesos bioquímicos que consumen energía. Para saber el mínimo de calorías que deberíamos comer, se calcula la tasa metabólica basal. Este mínimo depende de la edad, talla, peso, género y actividad física, entre otras cosas…

Por lo tanto, comer por debajo del mínimo requerido pone a sufrir a todas las funciones del cuerpo. Gracias a la investigación que realizó la Universidad de Minnesota, en la actualidad sabemos qué consecuencias genera la poca ingesta de calorías.

Hace algunos años se realizó un experimento donde treinta y seis voluntarios se sometieron a una dieta por seis meses con solo 1,600 calorías al día con una actividad física de 35 kilómetros de caminata a la semana. El resultado fue que los voluntarios relataron que se sentían apáticos, sin energía física, sin motivaciones personales e irritables. Empezaron a lamer los platos, a diluir las patatas con agua y a mantener por más tiempo la comida en la boca con la intención de prolongar el proceso de comer.

Dentro de la apatía, la comida se convirtió en la única fuente de fascinación y motivación: guardaban obsesivamente recetas de cocina, soñaban despiertos con comida, ideaban planes para robarla, bebían agua hasta sentirse llenos y aumentaron sus hábitos de fumar o mascar chicle. Nada que no fuera la comida les interesaba: su desarrollo personal se pausó, socializar les aburría, no prestaban atención al romance y su deseo sexual se evaporó. Reír se volvió difícil y la interacción con los demás era complicada, ya sea porque no podían seguir una conversación o porque no luchaban por nada: ante cualquier estímulo su reacción era de resignación.

Según los especialistas, los efectos secundarios NEGATIVOS de consumir menos calorías (!Ojo con los ayunos no controlados tan de actualidad) de las que vuestra rutina diaria necesita son:

1.    Debilidad.

2.    Fatiga.

3.    Intolerancia al frío.

4.    Períodos menstruales irregulares.

5.    Mareos.

6.    Estreñimiento.

7.    Hinchazón de las manos y los pies.

8.    Cálculos biliares.

9.    Riesgo de desnutrición.

10.  Gota (bebido al elevado ácido úrico).

Después de los seis meses reiniciaron una etapa dónde aumentaron el número de calorías consumidas. El mejoramiento físico fue evidente y casi inmediato, sin embargo, sus funciones cognitivas disminuyeron. La irritabilidad se convirtió en agresión, los cambios de ánimo fueron más pronunciados y continuaron lamiendo los platos. No fue sino hasta que pasaron nueve meses después de comer un número adecuado de calorías que el comportamiento social se estabilizó, los ánimos se equilibraron pero nunca volvieron a comer igual. Les quedó una sensación de hambre, aunque sólo tuvieran un poco de apetito.

Con esta investigación podemos darnos cuenta lo importante que es nutrir a nuestro organismo y que la falta de comida provoca en nosotros cambios en el aspecto físico, pero también psicológico y emocional. Las calorías proveen energía y la mejor fuente de energía son los hidratos de carbono, (que además sirven para dar «energía» a músculos y cerebro), por lo tanto debemos asegurarnos comer los suficientes para que funcionemos bien, nos sintamos tranquilos y podamos crecer como personas y en lo profesional. (Dentro de los hidratos de carbono, es preferible optar por cereales integrales, verdura y algo de fruta y evitar el azúcar blanco y los alimentos que lo contengan).


Existen muchas dietas milagrosas y recomendaciones en Internet, y ayunos con batidos y bebidas o sopas coldpressed, pero no todas son la ideal para todas las personas. Por lo tanto, si lo que se busca es bajar de peso o subir volumen, realizar ejercicio, entre otras metas, lo recomendable es consultar a un especialista en nutrición que nos comparta una dieta en base a nuestra rutina, objetivos deportivos, deseos de bajar de peso o conseguir el peso ideal.
¿Y vosotros? ¿Soléis contar calorías? ¿Queréis perder peso antes del verano? Estaré encantada de leer vuestros comentarios!!

Besos desde mi blog!

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