Dejarse mimar en un hotel en este período del año, en el que se producen las primeras heladas, – que ya iban siendo hora – y los primeros resbalones por el asfalto por culpa de las prisas, responde a una necesidad que viene de muy adentro, para todos aquellos que llevan una vida saludable o que quieren reconducirla en este nuevo año.

Tenerife

Sí. En este sentido podemos sentirnos afortunados. Las Islas Canarias son siempre un maravilloso destino al que acudir para romper de cuajo la rutina, las estaciones y ganar una hora de tiempo al día.

Porque es cierto que hay que tomarse un respiro, un paréntesis del ritmo (frenético) de la vida del día a día y sentarse a respirar aire puro, a contemplar el milagro de la naturaleza y a dar un paseo por alguna playa que no esté llena de gente deseosa de darse un chapuzón.

Eso es Tenerife. Si lo que se llama ahora slow life tuviese una capital, esa sería. Y especialmente en el Royal Hideaway Corales Beach. Porque la isla invita a llevar una vida equilibrada, por la armonía del escenario entre playa y montaña. Invita a practicar deportes acuáticos, porque cualquier época del año es buena, a degustar productos de la tierra, originales, sin químicos ni humo. Invita a poder respirar de verdad.

Porque Tenerife – y en general todo el archipiélago canario – tiene ese don de rebajar las prisas y se presenta como el lugar ideal de descanso para quienes necesitan desconectar y para todos los amantes de la naturaleza, la vida sana y los hábitos saludables.

Es una especie de paraíso terrenal que sabe contentar a todos, con su agua de color azul intenso y sus construcciones rocosas, dignas de ver, como Los Gigantes, un paraje montañoso que se funde en el mar y que se recomienda visitar en rutas de senderismo o desde un paseo en barco, o la Playa de la Montaña Amarilla.

El Teide y su Parque Natural también son de obligada visita. No se puede ir a Tenerife sin dar un paseo por ese paraje, patrimonio de la UNESCO, de arena volcánica que evoca un espacio lunar. Set de distintas películas como El Planeta de los Simios, la subida al Teide es casi una emoción, por los distintos pueblos tradicionales que se encuentran también en el trayecto.

Y tras ver estos espectáculos de la naturaleza, dar un paseo por el centro histórico de San Cristóbal de la Laguna también tiene un encanto especial, al comprobar cómo siendo tan parecidos, el modo de vivir canario dista bastante del de la Península, sobre todo si se procede desde grandes ciudades. Toda una medicina para volver a casa con las pilas recargadas.

Tenerife también es gastronomía, es queso, es papas arrugás con mojo, es puchero canario o escaldón de gofio, un plato rico de historia, que se comía desde el tiempo de los aborígenes que está compuesto por una masa de harina de cereales tostados combinado con caldo de pescado o de carne, cada familia la hace distinta dándole su toque especial. Es la vida en esplendor. La consciente y por la que nos mantenemos vivos.

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