La col rizada como llamaría mi madre, o la “kale” como le llamarían los más estilosos y healthies, es la nueva reina de las crucíferas y de los vegetales. En Norte América se ha puesto tan de moda, que hasta cada primer miércoles de octubre le dedican un día: National Kale Day. (Aunque en América suelen celebrar tantas cosas, que esta idea no me parece descabellada).

Pero dejando aparte las peculiaridades sin fondo, la kale realmente tiene muchos y meritorios motivos para haber ganado ese honorífico puesto dentro del reino de las verduras. ¿Os apetece saber por qué?

Primero de todo, cabe destacar su gran poder nutritivo. Tiene un gran contenido en minerales, principalmente calcio, hierro, magnesio, zinc, cromo, potasio, fósforo y vitaminas, entre las que cabe destacar C, provitamina A, K y ácido fólico. (Como curiosidad, la kale tiene más hierro que la carne, 10 veces más de vitamina C que las espinacas y más calcio que la leche.)

Su color verde intenso se debe a la clorofila, (flavonoide) y los carotenoides, potentes antioxidantes, capaces de neutralizar los efectos negativos de los radicales libres y ambos asociados a propiedades antiinflamatorias y anticancerígenas. Por otra parte, también contiene luteína, un antioxidante que ayuda a prevenir la degeneración macular.

Una ración de kale tiene sólo 35 calorías, casi 6 gramos de fibra y nada de grasa (siempre y cuando no la hayamos aderezado con salsa o aceite). Ayuda al proceso de digestión de los alimentos y gracias a su cantidad de fibra soluble, es un excelente regulador intestinal. Pero eso no es todo:

Es un excelente nutriente para los huesos, articulaciones, músculos, piel, cabello, ojos.

Reduce el riesgo de problemas cardiovasculares.

Ayuda a desinflamar y depurar el hígado.

Contribuye a bajar los niveles de colesterol y triglicéridos.

Eficaz contra el estreñimiento

Es una excelente opción para las personas que quieren perder peso y/o adelgazar

Asadas, salteadas, hervidas, al vapor, al horno, crudas, en chips, en smothies  y hasta en la sopa, la kale es muy versátil.  Su preparación es muy sencilla. Si se va a preparar hervida, conviene hacerlo ligeramente y con muy poca agua, para que no pierda parte de sus propiedades, así como para preservar su color verde intenso.  Una vez cocida, se puede utilizar para cremas, sopas, como complemento o guarnición en otros platos, o simplemente tomar sola, escurrida y aliñada con un poco de aceite de oliva virgen extra (de primera prensada en frío) y algo de sal marina.

A mí, particularmente me gusta salteada en la sartén con un poco de ajo, chucrut, maíz, tofu, patata, cebolla o lo que pillo por la cocina. Lo aliño con una salsa a base de tahini, vinagre de manzana y gomasio y lo decoro con un poco de germinado de alfalfa dulce. (Sí, un mix algo raro. ¡Pero me encanta!) También me gusta en chips, pero todavía no me he atrevido a prepararlos yo misma en casa. A ver si tengo tiempo y me pongo a ello..

¿Y vosotros? ¿Habíais oído hablar de kale?  ¿O le llamáis col rizada o berza? ¿Cómo soléis prepararlo? ¿Estaré encantada de leer vuestros comentarios!!

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